Aumento

Mariah Carey

Hombres multimillonarios solteros – 57170

A Luisa Bonilla de Saavedra debo mi clara caligrafía, que entonces hacia parte de la buena urbanidad, y ha sido admirada por quienes recibieron mis cartas y billetes postales. No recuerdo en qué momento desaparecieron las pizarras. Casi todos los niños de mi tiempo las usaron, o al menos en los pequeños colegios donde aprendimos caligrafía de estilo. Se escribía con duros pizarrines que hacían un quejido espantoso o con unos blandos redondeados que se deslizaban que daba gusto. El constante borrado sometía la memoria al recuerdo del dibujo y el nombre del objeto. Cuando ya entrada en años volví a ver a mi maestra y le preguntara porque habían desaparecido las pizarras dijo que por asuntos de higiene y porque los cuadernos de papel conservaban los ejercicios y se podían repasar. Yo creo que fue un asunto de negocios y comodidades. Hace años, caminando cerca del Teatro Municipal de Cali, Tomas Quintero hizo que viera a un altísimo anciano mulato que pasaba a nuestra vera diciendo que ese señor, con un arrugadísimo vestido completo de lino de Alejandría, era el autor de La alegría de leer.

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